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miércoles, 27 de abril de 2016

Twitter tiene dificultad para elevar la base de usuarios


Un hombre fotografía el logo de Twitter en Nueva YorkUn hombre fotografía el logo de Twitter en Nueva York  EFE
Twitter lo está teniendo cada vez más difícil para crecer y elevar el ritmo con el que genera ingresos. La red social en Internet cerró el primer trimestre con 310 millones de usuarios mensuales activos, solo ocho millones más que de los que tenía en el arranque de 2015. La cifra de negocio de la compañía de San Francisco ascendió a 595 millones de dólares, una mejora del 36% en el año, pero está por debajo de lo que esperaba Wall Street.
La publicación de resultados fue acompañada por una caída del 12% en su capitalización bursátil, que se suma al 25% que acumula desde el inicio de 2016. Los analistas temen que el estancamiento de su base de usuarios no sea suficiente para convencer a los inversores de que la plataforma es capaz de generar dinero y ser rentable. Twitter tuvo pérdidas de 80 millones, la mitad que en el arranque de 2015. El equipo de Jack Dorsey está invirtiendo más para atraer tráfico.
Dorsey explicó después que espera atraer más anunciantes gracias a nuevos productos, como el streaming de vídeo. Twitter acaba de anunciar un acuerdo con la liga de fútbol americano en Estados Unidos para la retransmisión de los partidos que se juegan los jueves por la noche, lo que podría generar a nuevos usuarios que se interesan por estos eventos en vídeo y comentarlos en vivo. Hay otras competiciones interesadas, aseguró ante los analistas.
Pero estas iniciativas deben demostrar aún que funcionan. Facebook tiene previsto presentar resultados este miércoles al cierre del mercado bursátil. En su caso cuenta con una base de usuarios de 1.590 millones, a los que se suman los 400 millones de Instagram. La compañía fundada por Mark Zuckerberg tiene de un modelo de negocio más diversificado y es, junto a Google, uno de los mayores portales que se reparten el negocio de la publicidad electrónica.
Fuente: El País

martes, 19 de abril de 2016

Un falso cupón de McDonald's roba datos personales en WhatsApp

La Policía y FACUA alertan de que se utiliza la información del usuario para traficar con ella y enviar SMS premium




Un mensaje de WhatsApp en el que a cambio de completar una "miniencuesta" de 50 preguntas, el usuario recibe un cupón para comer gratis en el McDonald's. Así es la última estafa que circula por las redes y que ha sido denunciada por la Policía yFACUA (Federación de Asociaciones de Consumidores en Acción). El propósito del mensaje es robar información personal para "traficar con ella o enviar SMS Premium (el cliente paga cada vez que recibe uno de ellos)", según indica la Policía Nacional en su cuenta oficial de Twitter.
La encuesta consta de cuatro preguntas sobre los hábitos de consumo de comida rápida en este tipo de restaurantes. El anuncio indica que si se cumplimenta se obtiene un cupón de 50 euros para gastar en McDonald's. Tras completarla, desde la web se pide que se difunda masivamente la encuesta a través de WhatsApp para poder recibir el teórico vale. "¡Enhorabuena! Sigue estos pasos para recibir tu cupón de 50 euros de McDonald's: Invita a diez amigos o a tres grupos en WhatsApp para recibir el cupón", indica la web.



¡Que nooo! . Ni son  ni otros. Sólo quieren datos para traficar con ellos o contratar SMS Premium

La asociación de consumidores ha alertado de que este tipo de mensajes que proliferan a través de las redes sociales, correo electrónico y aplicaciones móviles y recomienda a los usuarios que denuncien ante la Policía si reciben alguno de ellos. FACUA ya denunció esta práctica ante la Agencia Española de Protección de Datos el pasado mes de agosto con otro mensaje viral enviado por WhatsApp que simulaba ser de Mercadona.
Fuente: El País

sábado, 14 de noviembre de 2015

¿Dónde pasan su tiempo los jóvenes en Internet?

Snapchat e Instagram se consagran como las redes favoritas de los más jóvenes frente a Facebook y Twitter, percibidas como herramientas para los adultos


Logotipo de Snapchat. / LIONEL BONAVENTURE ( AFP PHOTO)
El salto generacional es creciente. Para cualquiera que haya nacido en la década de los 60 o los 70, explicar a un adolescente que en su juventud ni siquiera había móviles supone todo un reto, pero tampoco podrá cantar victoria si cree que basta con tener cuenta en Facebook y en LinkedIn para estar al día. Los más jóvenes tampoco comprenden realmente la utilidad de ciertas redes, y la brecha generacional se mantiene a lo largo del tiempo. Los que han nacido ya con un smartphone en la mano posiblemente ni se planteen encender el ordenador. ¿Dónde pasan su tiempo los millenials? Es la pregunta del millón: toda la información disponible se basa en mediciones que varían por continente y país, pero hay varias tendencias claras.

Snapchat, momentos gamberros

Se trata sin duda de la app social con más proyección en todos los mercados y, de hecho, según apunta Globalwebindex, fue la aplicación social con mayor crecimiento en 2014. Su uso es ya masivo en determinados rangos de edad. Con todo, la tasa de penetraciónvaría en función de los países. La app está más presente en aquellas regiones con jóvenes habituados a utilizar de forma cotidiana las redes sociales.
¿Qué es Snapchat exactamente? Se trata de una aplicación móvil que permite el envío de contenido multimedia, que luego se destruye de forma automática. Es decir, lo que se comparte en esta red es efímero y ahí reside precisamente su gracia: los adolescentes comparten de esta manera fotos y vídeos que pueden ir acompañados de textos o dibujos a mano alzada. Una vez vistos, se esfuman de las pantallas de los destinatarios. La aplicación creció además incorporando un sistema de mensajería interna y Discover, una extensión del servicio mediante la cual los usuarios podrán disfrutar de vídeos y contenido de canales como Vice o Buzzfeed, entre otros. La idea es retener al máximo al usuario dentro de la app. Y parece que lo están consiguiendo.
Willow Smith posa para su cuenta en Instagram con una camiseta de Jean Paul Gaultier. / INSTAGRAM

Instagram, la mejor cara

Se trata de la otra gran aplicación social que causa furor entre los más jóvenes, y parece que no de una manera deliberada. Instagram es ya más conocido entre los usuarios de más edad: esta aplicación social consiste básicamente en publicar fotos que podrán ser vistas y comentadas por los seguidores.Instagram, que fue adquirida por Facebook, mantiene la asimetría de seguidores y seguidos que emplea Twitter: es decir, un usuario puede seguir a 20 contactos, pero a él mismo seguirle 200 cuentas. Aquí entra en juego la popularidad de la cuenta y cómo no, la vanidad, que se mide también a través de los “me gusta” que recibe cada foto, un juego un tanto delicado para la psicología de un adolescente, cuya reafirmación o condena está a un solo toque de distancia. Esta red social cuenta con la friolera de 400 millones de usuarios activos al mes, según datos de Statista, y es el paraíso de los selfis para los adolescentes. Si en Snapchat se comparten momentos gamberros o divertidos, en Instagram se pone siempre la mejor cara.

YouTube, el eterno filón

En realidad, en esto de las redes sociales y las aplicaciones móviles no existen los plazos: una recién llegada puede arrasar desde su inicio, mientras que otra que ha reinado durante años puede venirse abajo en cuestión de semanas. Los caprichos de las tendencias no respetan nada, pero un veterano, YouTube, no solo resiste, sino que ha cobrado un nuevo impulso al mostrarse como una de las opciones de entretenimiento más recurridas por parte de los adolescentes. Sus tasas de consumo son muy superiores entre los adolescentes.
Una nueva 'app', Who's Down, permite a los adolescentes quedar a dar una vuelta
Lo más interesante del asunto es que los jóvenes no solo recurren a la plataforma de Google por cuestiones de ocio, sino que YouTube juega un papel determinante entre losmillenials en las decisiones de compra. Si alguien observa a un adolescente con la mirada perdida en el móvil, lo más probable es que se encuentre absorto viendo algún vídeo en este servicio, y es que los más jóvenes recurren al móvil de una manera aplastante para disfrutar de YouTube. En este cambio de paradigma, no solo el televisor ha quedado a varios cuerpos de distancia, sino que los adolescentes también han relegado al ostracismo al ordenador para ver sus clips favoritos. El móvil reina en solitario: el 98% de los adolescentes estadounidenses reconoce ver vídeos habitualmente en su móvil frente a apenas un 56% que hacen lo propio en el ordenador.

Facebook y Twitter, jurásicas pero activas

El evidente salto generacional separado por apenas unos pocos años ha dejado a algunas redes sociales tan populares como Facebook y Twitter en una extraña situación: ser consideradas casi como jurásicas para los más jóvenes. Y hablamos de proyectos que, en perspectiva, tienen muy pocos años de vida. ¿Quiere esto decir que los millenials no tienen cuentas en estas redes sociales? No necesariamente, sobre todo en la red de Zuckerberg, en la que es posible que muchos tengan un perfil abierto.
Los más jóvenes ya no comprenden la utilidad de ciertas redes
La pregunta clave entonces es saber quién las usa de forma cotidiana. A partir de los datos derivados de los diferentes estudios y fijándonos en las tendencias, tanto Facebook como Twitter son, en términos generales, consideradas por los más jóvenes como más carcas. Posiblemente la mejor forma de comprender qué está sucediendo es leer este artículo publicado en Medium por un estudiante de Arizona y dejó a muchos boquiabiertos. Andrew Watts, de 19 años, deja en evidencia a los diferentes estudios sobre los hábitos de uso de las redes sociales por parte de los adolescentes y con un lenguaje claro y descarnado pone a cada una en su sitio. Y algunas no salen bien paradas precisamente: “Está muerta para nosotros”, en referencia a Facebook, o “siendo sinceros, la mayoría de nosotros no entiende para qué sirve”, en alusión a Twitter, son sólo algunos de los ejemplos. De hecho, las únicas que se salvan de la pira y cuentan con popularidad según este estudiante son precisamente Instagram y Snapchat, donde realmente se mueven los más jóvenes.
Pantallas de la aplicación Who's Down, de Google. / WHO'S DOWN

Lo que viene

En el ámbito de las redes sociales no hay foto fija que valga, y los movimientos caprichosos de las tendencias hacen que el panorama sea completamente variable. Siguen surgiendo nuevos contendientes probando fortuna. El último es un viejo conocido con muy malas experiencias en redes sociales: Google, ni más ni menos. La firma capitaneada por Larry Page apuesta fuerte por los más jóvenes conWho’s Down, una aplicación móvil de la que han trascendido muy pocos detalles (se accede mediante invitación) y mediante la cual los adolescentes podrán quedar y dar una vuelta. La idea es que el usuario muestre su disponibilidad para hacer algún plan a sus contactos y de esta manera las citas sean más sencillas. Por el momento, se encuentra en fase de test y es difícil si la apuesta de Google logrará hacerse un hueco en el reñido espacio de losmillenials.
Fuente: El País

sábado, 28 de marzo de 2015

Linchamientos virtuales

Las redes sociales amplifican el poder devastador de la vergüenza y el escarnio públicos. Cualquier desliz puede arruinar su vida digital


Justine Sacco.
Alicia Ann Lynch, una joven estadounidense de 22 años, colgó en Twitter una fotografía en donde aparecía disfrazada para una fiesta de Halloween. El disfraz era una simpleza que tendría insondables consecuencias; aparecía en chándal, con la cara y los miembros embadurnados de pintura roja, como si hubiera sangrado profusamente, y un título que muy pronto le granjearía un linchamiento en las redes sociales: “Víctima del maratón de Boston”. El referente de aquel gracejo era la bomba que, en 
abril de 2013, interrumpió violentamente aquella famosa carrera, causando tres muertos, 282 personas heridas y la huella indeleble de un atentado terrorista en la ciudad. La inconsciencia y el mal gusto de Lynch y la torpeza que entrañaba publicar esa fotografía dispararon el morbo de sus escasos seguidores en Twitter y los retuits de estos consiguieron que en unas horas la joven recibiera miles de insultos y mensajes de una dureza que no admitía ninguna réplica, como este que le envío una víctima del trágico maratón: “Deberías estar avergonzada. Mi madre perdió las dos piernas y yo casi muero”.
El linchamiento virtual pronto ganó consistencia real y la joven tuvo que recluirse en su casa, y unos días más tarde el jefe de la oficina en la que trabajaba, abrumado por la presión de las redes sociales, la despidió. Disfrazarse así no tiene ninguna gracia y publicar la fotografía constituye un gesto deleznable, pero ¿qué hubiera pasado con Alicia Ann Lynch si hubiera hecho la misma broma, con la misma foto, en 1970, antes de la Red? La foto la habrían visto solo sus amigos y su jefe difícilmente la hubiera despedido por esa broma de mal gusto pero de alcance exclusivamente doméstico. El caso es interesante porque evidencia cómo las redes sociales magnifican episodios que, sin esa difusión masiva, hubieran sido mucho menos importantes.
En la fotografía que colgó Alicia Ann Lynch en Twitter, habría que separar el hecho de su difusión masiva
En 1932 fue secuestrado el bebé de Charles Lindbergh, el célebre piloto que cruzó por primera vez en avión, en 1927, el océano Atlántico. Lindbergh era un héroe nacional y el secuestro de su hijo tuvo en vilo, durante dos meses, a la sociedad estadounidense; hasta que un día trágico fue descubierto el cadáver del niño. Unos meses más tarde, cuando el bebé Lindbergh seguía siendo un tema recurrente, el pintor Salvador Dalí, que había inaugurado con mucho éxito una exposición en Nueva York, fue invitado a una fiesta de disfraces a la que acudió la crema y nata de Manhattan. Dalí y Gala, su mujer, asistieron disfrazados, para escándalo de los invitados, del bebé Lindbergh y de su secuestrador. Aquella broma violenta no pasó de alterar a los invitados y a algunos lectores de los periódicos que consignaron la última excentricidad del pintor. En la biografía de Dalí el incidente de la fiesta de disfraces es un episodio menor, una broma de mal gusto que se parece a la ocurrencia de la joven que se disfrazó de víctima del maratón de Boston, salvo porque en la época de Dalí no había ni redes sociales ni televisión para magnificar su imprudencia y su broma quedó en eso, en una boutade; pero si esto hubiera ocurrido en este siglo, Dalí probablemente se hubiera quedado sin galeristas, hubiera sufrido un gravoso boicoteo y habría tenido que maniobrar para que no se hundiera su carrera.
Lynch, disfrazada de víctima del maratón de Boston.
En la fotografía que colgó Alicia Ann Lynch en Twitter, habría que separar el hecho de su difusión masiva, de su multiplicación exponencial en la Red. Pero esto, de momento, es complicado, porque a los internautas les encanta el linchamiento y, sobre esta penosa pulsión tan propia del siglo XXI, nadie ha tenido tiempo de legislar.
Recientemente han aparecido en inglés dos ensayos sobre este inquietante tema, que es otra de esas zonas oscuras que tiene ese invento luminoso que es Internet: So you’ve been publicly shamed (Has sido avergonzado públicamente), de Jon Ronson, e Is shame necessary? New uses for an old tool (¿Es necesaria la vergüenza?, los nuevos usos de una vieja herramienta), de Jennifer Jacquet. Los dos ensayos tratan de la dimensión contemporánea de la vergüenza, del desprestigio y del escarnio, que se salen de proporción cuando se amplifican en las redes sociales; cualquier descuido, desliz o tontería, que hace cuarenta años hubiera producido un rato de incomodidad o un momento de rubor, hoy, esa misma tontería magnificada por Twitter o por Facebook puede generar un linchamiento que le arruine la vida al tonto.
Los casos de linchamiento virtual, de vergüenza pública masiva abundan; todo el tiempo los internautas linchan a políticos, cantantes, futbolistas y banqueros, personajes que están expuestos permanentemente al ojo público y que, por tanto, están habituados a lidiar con el odio y el desprecio de la masa tuitera; pero el asunto cambia cuando el linchamiento va dirigido a una persona normal, que se vuelve súbitamente famosa como la joven que se disfrazó de víctima del maratón de Boston, o como el caso de Justine Sacco, un episodio emblemático que Jon Ronson desmenuza en su libro. Sacco se fue de viaje a Sudáfrica a visitar a unos familiares y, mientras abordaba el avión en Nueva York, dio rienda suelta a su locuacidad tuitera y comenzó a lanzar mensajes, algunos muy ofensivos, para su modesta parroquia de 170 seguidores. En su escala en Londres lanzó un mensaje desgraciado que iba a cambiarle la vida: “Voy a África. Espero no coger el sida. Es broma. Soy blanca”.
Sacco pasó las siguientes once horas volando hacia su destino y, cuando aterrizó en Ciudad del Cabo y conectó su móvil, se encontró con un diluvio de mensajes, de insultos y también de condolencias que le escribían sus conocidos; mientras trataba de asimilar lo que sucedía, recibió una llamada de su mejor amiga que le decía que su mensaje sobre el sida era trending topic mundial, es decir, el mensaje más reproducido en Twitter en las últimas horas. Inmediatamente después llamó su jefe que, presionado por el escándalo que había en las redes sociales, sobre esa mujer ejecutiva que acababa de demostrar su ignorancia y su racismo al mundo, no tenía más remedio que despedirla de la dirección que ocupaba en una importante firma de comunicación de Nueva York. Mientras Sacco volaba hacia Cape Town, una etiqueta, un hashtag, sobrevolaba Twitter: #yaaterrizójustine? Decenas de miles de personas esperaban el momento en que Justine, que tenía solo 170 seguidores cuando despegó de Londres, aterrizara en Sudáfrica y viera el lío en que se había metido. Un espontáneo fue al aeropuerto, fotografió a Sacco, con unas aparatosas gafas, pasmada, mirando la pantalla de su teléfono y la tuiteó con el siguiente mensaje: “Sí, de hecho Justine ha aterrizado en el aeropuerto de Ciudad del Cabo. Ha decidido disfrazarse con unas gafas oscuras”.
La vida de Justine Sacco quedó hecha trizas. Jon Ronson cuenta en su libro, a partir de una serie de conversaciones que tuvo con ella a su regreso a Nueva York, los detalles de su descenso a los infiernos. Sacco publicó un comentario racista e idiota, pero la penalización que se le impuso desde las redes sociales parece excesiva. Quizá, para empezar a establecer un marco civilizado de convivencia en Internet, habría que desterrar la idea de que eso que sucede en el ciberespacio es realidad virtual, y que, a pesar de su naturaleza intangible, debe ser considerada, tratada y legislada de la misma forma en que se hace con la dura, y muy tangible, realidad.
Fuente: El País

jueves, 19 de febrero de 2015

El 89% de los usuarios sigue a marcas en las redes sociales

social network

La asociación IAB Spain y VIKO han presentado un informe que revela que revela que 9 de cada 10 usuarios de redes sociales sigue a alguna marca, y al 70% les influye en su proceso de compra. El estudio también revela que la red favorita de adultos y adolescentes sigue siendo Facebook.
La asociación IAB Spain, que representa al sector de la publicidad y la comunicación digital español, y el grupo VIKO, han presentado su VI Estudio Anual de Redes Sociales, que evalúa su evolución en España, indaga en el uso de tableta y móvil y analiza el papel de las marcas. Además, este año incluye un monográfico sobre el uso de internet entre los adolescentes.
El porcentaje de internautas que utilizan habitualmente las redes sociales ha subido dos puntos desde el año anterior y se sitúa en un 82%. Los datos de este periodo son más homogéneos en cuanto a sexos, pero se mantiene la hegemonía de Facebook, Twitter y Youtube. El trabajo también muestra que un 89% de los usuarios sigue a alguna marca en las redes sociales y que esto influye en su proceso de compra.
El informe se elaboró a partir de una encuesta on line dirigida 1.163 usuarios elegidos al azar de entre 18 y 55 años, registrados en la web Consupermiso.com, además de 105 casos de adolescentes de entre 13 y 17 años.
Facebook continúa  a la cabeza de las redes más populares con un 96% de los usuarios. Las siguientes son Youtube (66%), Twitter (56%), Google+ (34%) y Linkedin (31%). Las redes sociales más visuales, como Instagram (26%), Pinterest (9%) y Flickr (8%), aumentan en este año su número de usuarios. Linkedin crece 9 puntos, mientras que Tuenti cae 10 y se queda en un 12%. Esta red es calificada por muchos encuestados como anticuada o pasada de moda. También pierden puntos Google+, Badoo (5%)  y Myspace (4%).
Facebook continúa  a la cabeza de las redes más populares con un 96% de los usuarios
El número de redes que utiliza cada persona se mantiene en tres. El promedio de uso es de 3,6 días a la semana, aunque Facebook ya es visitada a diario. Por encima de la media se encuentran Twitter (4,9) Instagram (4,8), Youtube (4,4) y Spotify (3,7). Las menos utilizadas son Tuenti (2,1) y Flickr (1,8).
En cuanto a la valoración, Youtube se mantiene en el notable, con un 8. Spotify sube dos puntos hasta el 7,9, desbancando a Facebook, que puntúa 7,6. Instagram es la tercera más valorada con un 7,7. Las peores puntuaciones corresponden a Badoo y Tuenti.
Los encuestados usan las redes principalmente para ver qué hacen sus contactos (66%), ver vídeos u oír música (58%) y enviar mensajes (52%). Esta última actividad, sin embargo, ha caído 7 puntos con respecto al año anterior.
Por sexos, las mujeres, sobre todo las menores de 30 años, utilizan más Facebook que los hombres. Twitter y Google+ tienen un perfil más masculino.
Las marcas inundan las redes
Este estudio revela que 9 de cada 10 usuarios de redes sociales sigue a alguna marca, para lo que la red más usada es Facebook (88%). Le siguen de lejos Twitter (22%),  Youtube (7%), Google+ e Instagram (5%).  Esta última ha crecido como escaparate de firmas con respecto a ejercicios anteriores.
La mitad de los usuarios dice hacerlo por mantenerse informado de una marca que le gusta, mientras que un 36% la ha seguido como requisito para participar en un concurso. Acceder al servicio de atención al cliente continúa siendo una razón (12%), pero baja 5 puntos desde el año pasado.
Solo un 12% de los internautas declara haber comprado alguna vez a través de una red social, sin embargo, un 70% reconoce que estas influyen en su proceso de compra. Un 62% tiene en cuenta la información publicada por las empresas y un 50% considera los comentarios de otros usuarios. Los productos en los que más influye esta publicidad son ropa, calzado, viajes y libros.
Según declara un portavoz de IAB a Sinc, “los usuarios necesitan que las marcas aporten algo y no siempre es información sobre sus productos. Las cuentas que apuestan por entretener están ofreciendo un valor añadido”. Añaden que la presencia de las firmas en las redes sociales se valora por ser un síntoma de fiabilidad.
La presencia de las firmas en las redes sociales se valora como un síntoma de fiabilidad
Los sectores más seguidos son telecomunicaciones y tecnología (39%), cultura y medios de comunicación (37%), belleza e higiene (37%) y alimentación (34%).
Diferentes puntos de acceso
El ordenador sigue siendo el dispositivo preferido por los usuarios, con un 99%. El móvil es elegido por el 75% y la tableta cae hasta el 28%. Sin embargo, para visitar Facebook o Youtube, esta se coloca por encima del smartphone. Este informe incluye además la consola y los televisores inteligentes como puntos de acceso, con un 6% y un 7% respectivamente.
Las horas puntas para la visita a redes sociales son a media tarde (móvil y PC), noche (tableta y móvil), y media mañana (móvil). Sin embargo, en la consulta general, el móvil se impone con un 40%, a una gran distancia del resto de dispositivos.
Los adolescentes son más nocturnos
Los internautas adolescentes son usuarios de redes sociales en un 97%. Las consultan principalmente por la tarde (97%) y a medianoche (83%), franja en la que se encuentran casi tres veces más adolescentes que adultos (28%).
La red social preferida por los más jóvenes es Facebook, pero solo en un 35% en comparación con el 65% de los internautas adultos, seguida de Twitter (19%) y de Instagram (18%). Las más conocidas son Facebook, Youtube, Tuenti, y Twitter, todas por encima del 90%. Las  más utilizadas son Facebook (78%), Youtube (70%), Twitter (61%) Instagram (60%) y Tuenti (54%).
Fuente: La Flecha

martes, 9 de diciembre de 2014

Los tuiteros tienden a seguir a gente con su mismo nombre

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Ya en 1985 un psicólogo belga llamado Josef Nuttin pidió a sus estudiantes que escogieran su letra favorita entre una pareja o un grupo de tres. Para su sorpresa, encontró que las personas eran más propensas a recoger las letras que aparecían en su propio nombre. Así que alguien que se llame Fernando es más probable que escoja una F en vez de una M, y Julia probablemente escoja una J antes que una S.
Desde entonces, el llamado efecto de la letra en el nombre ha fascinado a los psicólogos, que afirman haber encontrado evidencias de él en todo tipo de entornos diversos. Los trabajos hasta la fecha sugieren que si algo comparte letras de tu nombre, eres más propenso a elegir una marca, vivir en una ciudad o incluso aceptar un trabajo.
Los psicólogos aseguran que el efecto puede explicarse mediante la idea de que la gente prefiere situaciones en las que sientan reflejados de alguna manera, un fenómeno conocido como egoísmo implícito. Pero otros han cuestionado los resultados, lo que sugiere que el efecto de la letra en el nombre es un artefacto estadístico que desaparecería si se analizaran adecuadamente los resultados numéricos.
Ahora nos llega una nueva visión de este fenómeno gracias a la labor de Farshad Kooti en la Universidad del Sur de California en Marina del Rey (EEUU) y su equipo. Los investigadores han buscado evidencias del efecto de la letra en el nombre en Twitter y Google +. Lo que han encontrado es sorprendente.
La investigación empieza con una base de datos de 52 millones de usuarios de Twitter que se unieron a la red antes de 2009, y los 1.900 millones de vínculos entre ellos. Luego filtraron todos los que tenían EEUU como base para poder evitar sesgos nacionales.
Después, escogieron las cuentas de Twitter de una serie de marcas conocidas, como Sega, Nintendo, Pepsi y Coca Cola, y analizaron a sus seguidores, o un subconjunto elegido al azar de 1 millón de ellos, para ver cuántos compartían las mismas letras.
Los resultados muestran poca evidencia del efecto de la letra en el nombre. De las ocho marcas, tres mostraron un efecto estadísticamente significativo, tres no mostraron ningún efecto significativo y las dos restantes tuvieron un efecto negativo. “Los resultados sugieren que el efecto de la letra en el nombre sólo existe en algunos casos especiales y no es un concepto generalizable para el seguimiento de marcas en Twitter”, afirma Kooti.
Pero sí encontraron otra cosa. Kooti y su equipo también analizaron su base de datos para encontrar pruebas de que la gente es más propensa a seguir a otras personas con el mismo nombre. Analizaron a personas con cinco nombres populares en EEUU: Michael, John, David, Chris y Brian, y contabilizaron cada vez que seguían a otros usuarios con el mismo nombre.
Los resultados fueron en cierto modo sorprendentes. Los hombres son hasta un 30% más propensos de lo esperado a seguir a alguien del mismo nombre.
Y el efecto es aún más fuerte entre mujeres con los nombres más comunes: Jennifer, Jessica, Ashley, Sarah y Amanda. En este caso, las mujeres son hasta un 45% más propensas de lo esperado a seguir a alguien del mismo nombre.
Es un curioso descubrimiento. Los investigadores aseguran haber tenido en cuenta diversos sesgos, como la posibilidad de que algunos nombres sean más populares entre ciertas razas y grupos étnicos específicos, o que la gente de la misma edad pueda tener nombres similares, etcétera. En cada caso, el efecto del mismo nombre sigue siendo significativo. “Hemos observado un efecto sólido, incluso al tener en cuenta el género, la edad, la raza y el lugar”, señala Kooti.
Por el momento, los investigadores no ofrecen ninguna explicación de por qué el efecto de la letra en el nombre está ausente en estas redes sociales, mientras que el efecto del mismo nombre está tan presente. El egoísmo implícito podría ser una respuesta, pero nadie está seguro. Las sugerencias, por favor, en la sección de comentarios.
Fuente: La Flecha