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miércoles, 26 de julio de 2017

Ni quemando el ordenador podrás burlar a los agentes del CSI tecnológico

Ni quemando el ordenador podrás burlar a los agentes del CSI tecnológico

Los peritos informáticos forenses pueden recuperar datos borrados en discos duros y otros dispositivos, por dañados que estén. Dos de ellos nos muestran cómo trabajan


Bilbao 

No somos conscientes de toda la información que puede proporcionar de nosotros mismos nuestro teléfono móvil, y mucho menos de lo sencillo que puede ser acceder a ella. Los peritos informáticos forenses se dedican a analizar todo tipo de dispositivos que almacenen datos (smartphones, tabletas, discos duros de ordenadores, tarjetas de memoria, chips...) buscando pruebas y evidencias de la comisión de delitos. Son el CSI de la tecnología, capaces de acceder a casi cualquier aparato y recuperar información como textos, fotos o vídeos. Incluso aunque hayan sido borrados previamente. Sus peritajes se utilizan en juicios relacionados con el ciberacoso a través de redes sociales o aplicaciones de mensajería, en casos de espionaje industrial o por un mal uso de herramientas informáticas por parte de trabajadores. Son los únicos que pueden acreditar en un juicio que el inculpado o inculpada ha intentado delinquir utilizando herramientas tecnológicas.
No sin cierto recelo, dejamos un móvil en manos de Igor Silva y María Ruiz Ubieta, peritos informáticos forenses y responsables de la empresa Akirutek. De un maletín sacan algo parecido a una tableta, un dispositivo con pantalla táctil pero bastante más grueso. Es la Cellebrite UFED Touch 2, un dispositivo fabricado en Israel que forma parte de las herramientas de trabajo de las principales policías de todo el mundo. Esta empresa israelí fue la que consiguió acceder al iPhone del terrorista de San Bernardino tras cometer un atentado en diciembre de 2015 en esa localidad de Estados Unidos. El FBI pagó a Cellebrite cerca de un millón de dólares por ese trabajo.

Más recientemente, el Servicio de Criminalística de la Guardia Civil también pasó por caja para recuperar los datos del iPhone 6 de Diana Quer, la joven desaparecida en agosto de 2016 en A Pobra Do Caramiñal, en A Coruña. En este caso, se da la circunstancia de que el teléfono tenía golpes y fue localizado tras permanecer cerca de dos meses en el agua. Una vez más, Cellebrite obró el milagro y consiguió recuperar mucha información que aún se está analizando.
El dispositivo Cellebrite y un estuche con múltiples cables de conexión son las herramientas básicas de los forenses informáticos.
Igor y María reconocen que la máquina que tenemos delante les costó más de 15.000 euros y que la licencia anual para acceder a actualizaciones y nuevos servicios ronda los 4.000 euros. Es más, con una Cellebrite no puede hacerse cualquiera. Ellos mismos tuvieron que pasar diferentes entrevistas a través de videoconferencia para convencer a los responsables de la empresa de que les vendieran una de sus máquinas.
  • Recuperación de datos
Se enciende la pantalla de la Cellebrite y ofrece las opciones de conectar un dispositivo móvil, una tarjeta SIM o una memoria USB. Tras elegir la opción del dispositivo móvil, la máquina solicita que seleccione el modelo de teléfono de una amplia lista. Una vez localizado, Igor abre uno de los compartimentos del maletín en el que se guardan todos los tipos de conectores de datos que han utilizado los smartphones (desde los primeros iPhone, Nokia o Blackberry hasta los más recientes Samsung Galaxy S8, etc).
Una vez conectado el móvil a la Cellebrite, sin ni siquiera tener que desbloquearlo, tenemos que esperar un buen rato a que la máquina haga su labor. Mientras, Silva y Ruiz Ubieta nos cuentan algunos de los casos en los que han trabajado: “Es habitual que nos lleguen casos de robo de información en empresas por parte de trabajadores. Nuestro trabajo consiste en extraer esa evidencia de ordenadores, servidores, teléfonos móviles o cualquier tipo de dispositivo y luego realizar un análisis forense para ver cómo se ha producido ese robo y determinar qué datos han sustraído para, posteriormente, plasmarlo en un informe técnico”, explica Ruiz Ubieta.
“Vamos a la empresa con un notario que da fe de todo lo que hacemos. Lo primero que realizamos es una clonación del disco duro. Se trata de una copia bit a bit de la que es posible recuperar toda la información e incluso la que haya sido borrada. Es una copia absolutamente idéntica tanto de la información como de los espacios en blanco del disco”, ilustra. Cualquier archivo eliminado en un dispositivo se puede recuperar, salvo que se hayan sobrescrito datos encima. Tras la clonación, para la que utilizan un segundo aparato, esta vez valorado en unos 1.500 euros, el notario se queda con el disco duro original en custodia y ellos sacan un hash de la copia. “El hash es un algoritmo matemático que proporciona una cadena alfanumérica identificativa de esa copia”, explica. Vemos ejemplos todos los días en las urls abreviadas, por ejemplo, al adjuntarlas en Twitter. “Si algo se modifica en ella, el número varía. De esa manera garantizamos en el juicio que no hemos alterado nada”.
El siguiente paso en un proceso de peritaje informático forense es la extracción y análisis de datos. Para esta labor se utilizan herramientas específicas que permiten visibilizar emails, imágenes u otro tipo de archivos, aunque hayan sido borrados. “Si se trata de un equipo con sistema operativo Windows utilizamos herramientas forenses concretas como FTK Imager, Autopsy, Caine, Kali, Amped o R Studio. Hay muchas aplicaciones de este tipo en el mercado, tanto de pago como de software libre, y proporcionan unos servicios sorprendentes”, reconoce Silva.
  • Violencia machista digital
Al margen de casos de espionaje o de robo en empresas, en los últimos meses se están multiplicando los clientes que denuncian violencia machista digital, como reconoce María Ruiz. “Vienen muchas mujeres que se sienten vigiladas y acosadas a través de las redes sociales o de servicios como Whatsapp. En este caso realizamos una clonación de su teléfono móvil y trabajamos en colaboración con servicios jurídicos”, señala. Como cada vez somos más dependientes de la tecnología, en los procedimientos judiciales interviene tecnología con mayor frecuencia, lo que exigirá de más y más trabajo de peritos forenses.
“También son bastante frecuentes los casos de sextorsión y sexting en los que se chantajea a la víctima para no difundir imágenes o vídeos de carácter sexual relacionados con ella. Lo que estamos viendo es que los afectados son cada vez más jóvenes. Chicos y chicas de 13 o 14 años a los que chantajean a través de Facebook”, cuenta Silva. Hace un tiempo los delincuentes pedían mucho dinero, de mil euros en adelante. Ahora están reclamando unos 50 euros porque es una cantidad que un menor puede conseguir sin levantar sospechas. “El problema es que tras el primer pago luego exigen más y el afectado o afectada termina denunciando lo que ocurre”, señala. “Nosotros entramos en los perfiles de Facebook de las víctimas y de los chantajistas y recopilamos toda la información. Lo que hemos podido constatar es que la mayoría de esos ataques proceden de países de Europa del Este y de África”.
  • Análisis ad hoc
Llega el momento de saber qué han descubierto en nuestro móvil. Previamente hemos tenido que demostrar que el smartphone era de nuestra propiedad. “Siempre exigimos que nos den un consentimiento de acceso al móvil y pedimos un justificante de propiedad del teléfono que puede ser, por ejemplo, la factura de compra. Hemos perdido clientes que nos han pedido acceder a un smartphone para recuperar la información, pero no han sido capaces de demostrar que el móvil era suyo y no de su mujer, marido u otros familiares”.
De nuevo con la Cellebrite delante, una primera pantalla nos marca sobre un mapa todos los lugares del mundo desde los que ha utilizado el teléfono. Con solo tocar la pantalla sobre uno de esos puntos proporciona información sobre el día y la hora en la que ha estado en ese lugar e incluso las redes wifi a las que se ha conectado. Otra pestaña de la pantalla genera un documento de actividad, más de 8.000 páginas en pdf, que especifica todos los mensajes enviados a través de servicios como Twitter, Messenger, correo o Whatsapp, cuándo lo ha hecho y desde dónde, un registro de llamadas realizadas y recibidas, la cantidad de aplicaciones que tiene instaladas y cuáles se han borrado, las páginas vistas en Internet, los marcadores, las fotos y vídeos realizadas y eliminadas y, como premio final, recuperan una fotografía borrada hace un tiempo y que ni recordábamos.
“Hemos recuperado toda la información de teléfonos formateados y restablecidos a modo fábrica. Yo, desde luego, no venderé ni compraré jamás un teléfono o una tableta de segunda mano”, bromea Silva. ¿Hay alguna manera de poder eliminar de forma efectiva la información de discos duros o memorias? “Es complicado. La NSA ha desarrollado una tecnología que es capaz de recuperar la información de un disco duro quemado a través del campo magnético residual que generan los platos. Solamente a martillazos y destrozándolo en pedazos muy pequeños podemos garantizar que la información que alguna vez hemos almacenado jamás podrá ser recuperada”, concluyen estos dos peritos informáticos forenses.
De las impresoras 3D a los televisores inteligentes

Los peritos informáticos forenses también intervienen en casos de ciberbullying, en procedimientos civiles en los que hay un intercambio de correos electrónicos (para el pago de deudas por ejemplo) o en el análisis de chips de memoria de impresoras de tinta o 3D de las que es posible extraer información sobre fallos, reparaciones a las que se ha sometido e incluso de los archivos que se han mandado imprimir. También han realizado peritajes sobre Smart TVs y frigoríficos inteligentes que han sido utilizados como plataformas para el envío de malware e incluso en sistemas de fichaje horario de trabajadores. “Realmente lo que más nos gusta son los temas de robos de datos e intrusión de redes. En ellos nos exprimimos para ver cómo lo ha hecho, qué tipo de archivos ha robado, qué ha estado mirando y cómo ha intentado borrar sus huellas. Estos casos nos suponen todo un reto y es en los que aprovechamos todo nuestro conocimiento”, reconoce la ingeniera informática María Ruiz Ubieta.

fuente: retina.elpais.com

lunes, 29 de diciembre de 2014

El final de las contraseñas

Los ataques convierten en obsoletos los sistemas de seguridad en la Red. La doble autenticación y la biometría se abren camino

Emilio Martínez muestra el programa de contraseña por voz. / SANTI BURGOS
Con saqueos masivos de datos como el de Sony, el mayor ciberataque padecido por una empresa, o el que sufrió Apple hace unos meses, cuando decenas de fotos privadas de actrices de Hollywood fueron robadas y difundidas por todos los rincones de la red, hablar de Internet y seguridad se ha convertido casi en un oxímoron, una contradicción en los términos. La mayoría de los expertos considera que el actual sistema de contraseñas que rige la red ha caducado por lo incómodo que resulta para los usuarios y, como queda cada vez más claro, por su falta de fiabilidad. El futuro se encuentra en los sistemas de doble autenticación y en la biometría, campo en el que varias empresas españolas están en la vanguardia. Mientras tanto todos los expertos en seguridad dan el mismo consejo: generar contraseñas más complejas para, en la medida de lo posible, entorpecer el trabajo de los ladrones de datos.
Como ha escrito el experto en informática de The New York Times,Farhad Manjoo, “no mandes un mail, no subas una foto a la nube, no mandes un mensaje de texto, al menos si tienes cualquier esperanza de que siga siendo privado”. El problema está en que cada vez tenemos más datos y más importantes en Internet, ya sean bancarios, profesionales o personales, y cada vez están más expuestos. La página web www.databreaches.net calcula que se han producido 30.000 robos de datos en todo tipo de empresas en los últimos diez años, con una inquietante aceleración en 2013 y 2014.Javier García Villalba, profesor del Departamento de Ingeniería de Software e Inteligencia Artificial de la Universidad Complutense de Madrid, asegura: “Una contraseña por sí sola ya no ofrece suficiente seguridad. Los ataques informáticos comprometen por igual cualquier contraseña, sea buena, mala o regular”.
“Las contraseñas se consideran inseguras prácticamente desde su nacimiento”, explica por su parte Alejandro Ramos, profesor delMaster en Seguridad de las tecnologías de la Universidad Europea de Madrid. “El problema es que se han utilizado en todos los sistemas de información y nos hemos acostumbrado a su uso. Cambiar y aprender nuevos métodos de autenticación no es sencillo y ese es el motivo principal por el que hoy en día siguen utilizando”. Un estudio dela empresa estadounidense Fortinet, especializada en sistemas de seguridad reforzada, asegura que cada usuario maneja como mínimo 25 sitios con contraseñas, aunque sólo se utilizan 6,5 claves diferentes de media, lo que debilita todavía más la protección. “El objetivo es buscar soluciones tecnológicas que eliminen las contraseñas que hacen cada vez más complicado moverse en la web”, explica el director para España de PayPal (la principal empresa de pago por Internet), Estanis Martín de Nicolás. Javier Barrachina, responsable de producto de la empresa FacePhi, una startup alicantina que ha desarrollado un sistema de reconocimiento facial a través del móvil que acaba de ser comprado por la Asociación de Bancos del Perú (ASBANC) que agrupa a 16 entidades, se muestra rotundo: “El final de las contraseñas es algo inevitable. Antes teníamos que aprender decenas de números teléfono de memoria, ahora nos parece inconcebible. Es que además trabaja a favor de las personas”.
Entonces, si las contraseñas han muerto, ¿cuál es el futuro? “Los expertos determinan que existen tres factores de autenticación, que se definen por algo que sabemos, algo que tenemos y algo que somos”, explica Daniel Firvida, coordinador de operaciones delInstituto Nacional de Ciberseguridad (Incibe), una sociedad estatal adscrita al Ministerio de Industria, Energía y Turismo cuya misión es reforzar la seguridad de la información en Internet. Algo que sabemos sería la contraseña tradicional, algo que tenemos serían las tarjetas de coordenadas o las aplicaciones para generarlas que actualmente utilizan casi todos los bancos, que exigen una doble autenticación antes de realizar cualquier operación importante, y algo que somos sería la biometría, la autenticación a través de la voz, la huella dactilar o el iris.
La biometría plantea todavía muchos problemas para
su generalización
Desde un octavo piso de la Gran Vía que ofrece una vista impresionante sobre Madrid, Emilio Martínez, CEO de la empresa madrileña Agnitio, ofrece una visión de un futuro que ya forma parte del presente. Su empresa, conocida por un programa de reconocimiento de voz que utilizan las policías de casi 40 países, ha creado un sofisticado programa para reemplazar las contraseñas por el reconocimiento de voz dentro de la alianza internacionalFIDO, el proyecto más ambicioso para dar un salto adelante en la seguridad en Internet. Impulsada por PayPal y con gigantes como Google, Microsoft, Samsung, Visa, MasterCard, ALIBABA, BlackBerry o Bank of America entre sus miembros, el objetivo de esta alianza es ofrecer nuevos métodos de seguridad que se conviertan enstandards para pagar o manejar datos. Apple, a través de ApplePay que está incorporado en EEUU a sus nuevos aparatos como el iPhone 6, también permite nuevas formas de pago, con una seguridad mucho más sofisticada. Este teléfono, como el último modelo de Samsung, ya se desbloquean con un sistema biométrico y permiten realizar pagos sólo con la huella dactilar como identificación.
“Las contraseñas están heridas de muerte, pero no muertas”, explica Emilio Martínez. “Ya existen las bases tecnológicas y de estándares de pago que nos permitan ir sustituyéndolas pero su incorporación es lenta”, agrega. Martínez recuerda cómo ha ido evolucionando la industria del pago, desde los viejos tiempos en que con una firma bastaba para utilizar una tarjeta de crédito –recordar ahora las viejasbacaladeras que dejaban una reluciente copia en papel carbón de la tarjeta pone los pelos de punta– hasta la paulatina incorporación de los chips a las tarjetas de crédito –se crearon en 1998 pero tardaron más de diez años en generalizarse–. La clave no está sólo en incorporar sistemas de seguridad muy sofisticados utilizando los sensores de los que disponen los teléfonos para captar la voz, la imagen o las huellas dactilares –los cálculos de la industria indican que en 2017 habrá 990 millones de móviles que incorporen estos sistemas–, sino en la forma de almacenar la información. Para los expertos, un avance fundamental es poner en marcha sistemas que hagan que las compañías no almacenen las contraseñas, que sólo las tenga el cliente –es lo que se denomina contraseñas cerradas y abiertas–. De esta forma, aunque sufra un ataque, los daños serían mucho más reducidos que ahora.
“Las claves hacen que sea cada día más difícil navegar”, dice un experto
El problema es que la biometría todavía plantea muchos desafíos: es más fácil utilizarla en un teléfono que una página web y debe ser incorporada de manera generalizada por la industria, desde los comercios hasta los bancos o las empresas que manejan información en la web (básicamente, todas). Como explica Javier García Villalba, “está bien para entrar en un edificio, pero no para conectar con Melbourne”. “De momento lo más seguro parece el uso de lo que se llama autenticación de dos factores, donde además de una contraseña se utiliza alguna medida biométrica o algo que el cliente posee como una calculadora, el teléfono móvil. Esto hace que el compromiso de una contraseña cause menos daño y, aunque no es tampoco un sistema totalmente fiable, ofrece mucha mejor seguridad”, agrega este profesor de la Complutense.
Fuente: El País